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Constatan que brócoli y grelo elevan el efecto de fármacos contra el cáncer de próstata.

Se trata de un estudio de la Misión Biolóxica de Galicia y la USC, que ahora investigan si sucede lo mismo con los tumores de mama

Hay muchos gallegos, sobre todo muchos mayores del rural gallego, que no entienden un día de su vida sin caldo. Se impone la ración diaria de grelo, nabiza, berza o repollo -aderezado, eso sí, con algo de cerdo de por medio- como pócima de resistencia al frío del invierno y, paradójicamente, también como alimento para sobrellevar los calores veraniegos. El caso es que la sabiduría popular gallega dice que hay que comer berza, grelo o repollo los 365 días del año. Y dice bien. Porque la Misión Biolóxica de Galicia (ubicada en Pontevedra), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha comprobado hace ya más de una década que estas especies fetiche de la huerta gallega, además de otras como el brócoli y la coliflor, tienen propiedades tanto antioxidantes como anticancerígenas. Es decir, si uno tiene predisposición genética a sufrir un tumor, una dieta rica en estas especies vegetales podrían ayudar a prevenirlo.

Pero la misión biológica no se ha quedado ahí. Ha seguido tirando de ese hilo, en colaboración con la Universidade de Santiago y, tal y como señalaba ayer su directora, Elena Cartea, ya está en condiciones de afirmar que brócoli, berza o grelo no solo ayudan a prevenir el cáncer gracias a sus altos niveles de glucosinolatos, sino que potencian los efectos de los fármacos contra el cáncer. Concretamente, contra los tumores de próstata. «De momento lo hemos comprobado con el cáncer de próstata y ahora el objetivo es saber si pasa lo mismo con los fármacos que se utilizan para tratar el cáncer de mama, eso es lo que estamos investigando actualmente. No se trata de que brócoli ni grelo curen el cáncer, que no se entienda semejante cosa, sino de que ayudan a prevenirlo y, en el caso de tumores de próstata, potencian el efecto del fármaco», indicaba Elena Cartea.

«Lo que aprendo hoy»

Pronunciaba estas palabras Elena Cartea ayer en uno de los salones de la Misión Biolóxica de Galicia y la investigadora era escuchada con entusiasmo por Rosa Menéndez, de visita en las instalaciones pontevedresas para presentarse como la nueva presidenta del CSIC -por cierto, la primera mujer que desempeña este cargo-. «¡Cuánto que aprendo hoy!», decía. Y añadía: «Es maravilloso el trabajo que se está haciendo en los centros del CSIC. Yo diría que están haciendo investigaciones fundamentales para mejorar la calidad de los alimentos, para mejorar nuestra salud y para mejorar el medio ambiente. Tocan las tres cosas».

Menéndez, como el resto de los presentes, quiso saber más sobre el potencial anticancerígeno de las verduras. Y Cartea explicó que todas especies crucíferas -en las que se engloban desde la berza hasta los grelos pasando por coliflores o brócoli- ayudan a prevenir el cáncer. Pero insistió una y otra vez en que hay que tomar este dato con la suficiente prudencia, teniendo en cuenta que no se trata de ningún tipo de remedio, sino de un alimento que favorece la prevención.

¿Y cuál es la mejor de todas estas especies para prevenir un tumor? Los científicos de la misión biológica se ríen cuando se les hace la pregunta, llevan años contestándola: «El brócoli», manifiestan. Y matizan: «Ayuda a prevenir, pero para que se tratase de un efecto grande tendríamos que comer una cantidad impensable de brócoli al día, unos veinte kilos. Lo que estamos investigando es si se podría hacer algún tratamiento con el brócoli como componente, pero eso está en una fase muy incipiente», señalaba uno de los científicos.

La conclusión está clara. A comer brócoli, grelo y berza. Dice la directora de la misión que además es importante tomar el agua de la cocción, porque ahí siguen las propiedades que pierden las verduras al cocinarlas. Y ella misma sentencia: «Nuestros abuelos tienen razón, el caldo es importante y se debe tomar siempre».

Fuente: La Voz de Galicia